No enciendas las luces
Deja, todavía,
que la sombra envuelva la tristeza mía.
Tengo miedo horrible de mirar las cosas.
Deja que me envuelva entre las piadosas
brumas que alimentan mi melancolía.
Adoro la noche.
Aborrezco el día.
Las luces despiertan mi dolor dormido,
por eso me gusta quedarme a la sombra
donde nadie veo ni nadie me nombra.
No enciendas las luces.
Deja, todavía,
que yo siga a mi alma llamándola mía,
lejos de la gente, del ruido y de todo.
Deja que yo pueda vivir a mi modo
la triste locura de mi poesía.
No enciendas las luces.
Déjame a la sombra
en donde yo pueda mirar mis recuerdos
y abatir, a solas, mi pobre cabeza.
No enciendas las luces.
Déjame que llore, perdida en la sombra,
aquello… ¡Dios mío!
que no tendré nunca.
Carolina Bermúdez



